Propone UNAM alternativa para manejo residuos sólidos


"El pasado mes de junio, se presentó una explosión en el tiradero de basura municipal de Chimalhuacán, Estado de México, originada por la combustión de gas metano que produce la basura orgánica en descomposición. Las altas temperaturas y el reblandecimiento del sitio que, al parecer, operaba sin las medidas de seguridad necesarias, provocó daños en al menos 400 hogares de la zona.
Ese marco de referencia es un indicador de lo que puede ocurrir geológicamente en México, debido a factores como el crecimiento de la población, el desarrollo industrial y la urbanización no planeada, que han producido un incremento considerable en la cantidad y variedad de los residuos. Además, la carencia de un sistema adecuado para su manejo se ha convertido en un problema cada vez mayor en el ambiente.
Al respecto, el biólogo y maestro en Ciencias del Instituto de Geología (IG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Sergio Palacios Mayorga, comentó que si bien es cierto que el relleno sanitario, a diferencia del tiradero de basura, puede ser una solución ante los problemas que ocasionan los desechos, su viabilidad está supeditada a la geología de las zonas donde se construya, pues muchas zonas del país son consideradas vulnerables debido a la presencia de fallas activas, sismicidad, actividad volcánica, así como suelos frágiles y permeables, por tanto, inadecuadas para el confinamiento de residuos, donde, también existen importantes áreas que cumplen la función de recargar los acuíferos.
El investigador universitario indicó que construir un relleno sanitario implica realizar un estudio geológico y de impacto ambiental previo para determinar el sitio adecuado que reúna las condiciones necesarias. Sin embargo, reveló que una de desventaja del relleno sanitario es la limitada vida útil que ofrece para el confinamiento de basura, pues se estima un duración de 10 a 15 años de acuerdo a su capacidad.
Palacios Mayorga explicó que los basureros a cielo abierto y aun los rellenos sanitarios inutilizan irreversiblemente la superficie de la tierra que ocupan, generan fauna nociva y se convierten en una fuente de contaminación para la atmósfera, el suelo, los cuerpos de agua superficiales (ríos) y subterráneos (acuíferos).
A su vez, el doctor Rafael Huizar Álvarez, también del IG-UNAM, dijo que para las grandes ciudades y poblaciones que producen más de 40 toneladas diarias de basura, el relleno sanitario es aquel que, por sus exigencias, corresponde a un proyecto de ingeniería bastante complejo, por la cantidad y el tipo de residuos que se van a recolectar, así como la planificación, la selección del terreno, el diseño y la ejecución del mismo, sin dejar de lado la infraestructura requerida para recibir la basura y controlar sus operaciones.
Cabe mencionar que dicha obra requiere de una excavación de al menos cinco metros de profundidad y debe estar aislada, ello evitará que la filtración de lixiviados contaminen la superficie freática. La base del relleno debe impermeabilizarse y colocar un material llamado geotextil (en función de lo que va soportar), que va antes de la geomembrana, con el propósito de sellar el fondo del relleno y separar las diferentes capas de deshechos.
También, requiere instalar una tubería específica para recolectar y monitorear los gases, principalmente el metano, que produce la descomposición de los residuos orgánicos, y una más que extraerá y retirará los lixiviados, así como un ducto o pozo, con la intención de verificar no exista contaminación en el agua subterránea.
Entonces, “al entrar en funcionamiento y depositar los primeros residuos sólidos se debe cubrir con una capa de al menos 60 centímetros de arcilla que los sellará; posteriormente, se debe continuar con capas alternas de basura-arcilla, hasta que se termine la vida útil del relleno”, dijo Huizar Álvarez.
Añadió que un relleno sanitario requiere un monitoreo permanente para identificar fugas en lixiviados, que pueden alcanzar las aguas subterrá"



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Fecha de Publicación
6/Oct/2010