Agricultura sustentable con alternativa biológica


El frijol es uno de los productos agrícolas más importantes para el país, no sólo por el consumo interno, sino también por lo que representa en materia económica, al situarse dentro los cultivos con más toneladas cultivadas anualmente (alrededor de 1.23 millones).

En conjunto con Zacatecas, Durango y Chihuahua, Sinaloa aporta 55 por ciento de la producción nacional; sin embargo esa cifra podría verse afectada debido a la presencia en ese estado de una enfermedad conocida como moho blanco o esclerotiniosis, originada por el hongo Sclerotinia sclerotiorum, y la cual afecta el tallo de la planta hasta marchitarla.

El problema es analizado por investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR), Unidad Sinaloa, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quienes estudian el uso de bacterias antagónicas del hongo para evitar su proliferación, y a su vez eviten el uso indiscrimando de agentes químicos en el control de la enfermedad.

“Los principales agentes químicos utilizados para control de la enfermedad en México ya han sido prohibidos en otros países, entre los que destaca Estados Unidos, debido a la afectación que representa en el medio ambiente. Esa situación hace necesario el desarrollo de productos alternos, por lo que pensamos en desarrollar propuesta biológica compatible con el modelo de agricultura sustentable”, explicó la doctora Melina López Meyer, líder de la investigación.

En la actualidad, el CIIDIR-Sinaloa ya cuenta con algunas cepas de bacterias efectivas, principalmente del género Bacillus, en pruebas in vitro a nivel de tejidos vegetales, y en breve se iniciarán los ensayos en campo.

Esta propuesta biológica permitiría reducir el uso de fungicidas sintéticos, los cuales en muchas ocasiones no sólo tiene efectos sobre el patógeno, sino también contra organismos benéficos de los sistemas agrícolas.

“En nuestros suelos existe una enorme diversidad de microorganismos que pueden ser utilizados en beneficio de los sistemas agrícolas, y cuyo uso es compatible con una agricultura sustentable. No creo que las alternativas de control biológico sustituyan por completo a las químicas, pero deben ser desarrolladas y consideradas como una opción real”, comentó la investigadora politécnica.

A decir de López Meyer, esta alternativa biológica tendría la bondad de controlar la enfermedad y minimizar las consecuencias que conlleva el uso de fungicidas químicos a largo plazo, tanto en el medio ambiente como en la salud humana.

Si bien en el mercado ya existe un producto biológico efectivo contra el Sclerotinia sclerotiorum, el desarrollo politécnico ha probado ser útil en las condiciones climáticas de Sinaloa, a diferencia de la alternativa extranjera que resulta inefectivo en los suelos del estado.

Parte de ese éxito reside en el empleo de microorganismos nativos de la región, ya que están adaptados al clima y a los tipos de suelo de cultivo del norte del país.

La propuesta politécnica concluiría en la selección e identificación de las cepas de microorganismos con la capacidad de funcionar como biofungicidas. En una etapa posterior, la investigación se debe avocar al desarrollo de un producto de manera más industrial.

“De toda la diversidad de microorganismos del suelo, se considera que sólo se conoce uno por ciento. Así, el resto de la diversidad biológica representa una riqueza invaluable, a partir de la cual podemos encontrar algunos microorganismos que pueden ser utilizados en tratar de mantener saludables nuestros campos”, concluyó López Meyer. (Agencia ID)



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Fecha de Publicación
3/Mar/2010