Industriales se vinculan con la academia para producir plásticos biodegradables


 

Los polímeros son materiales sintéticos utilizados en los diferentes ramos de la industria cada vez más. No obstante, el abuso en el empleo de éstos ha derivado en contaminación ambiental; ya que según cifras de la Asociación Nacional de Industriales del Plástico, anualmente se producen 68 mil millones de bolsas.

A este respecto, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha emprendido acciones como las modificaciones a la Ley de Residuos Sólidos de la capital en las que se establece que “los establecimientos mercantiles no podrán otorgar a título gratuito para la transportación, contención y envase de los productos y/o servicios que presten ó comercialicen bolsas de plástico (…) podrán utilizar materiales de plástico únicamente en los casos que por cuestiones de asepsia o conservación de alimentos o insumos no resulte factible el uso de tecnologías biodegradables como sustitutos".

En esta tónica y con el propósito de establecer un vínculo entre industriales e investigadores dedicados al estudio de los plásticos biodegradables, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) estableció un grupo de trabajo de nuevos materiales en los que ambos sectores expresaran sus necesidades.

Durante las reuniones sostenidas miembros de la industria del plástico expresaron la urgencia de vincularse con instituciones de investigación y desarrollo que les ayuden a encontrar herramientas tecnológicas que les permitan recuperar los niveles de competitividad que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) han perdido por los requerimientos de biodegradación en los productos.

A este respecto, fueron identificados cuatro grupos de investigación que han desarrollado proyectos relacionados con estas necesidades del sector productivo.

Dichos trabajos pertenecen al Instituto de Biotecnología (IBt) y el Laboratorio de Investigación en Procesos Avanzados de Tratamiento de Aguas, ambos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); así como los centros de Desarrollo de Productos Bióticos (Ceprobi) del Instituto Politécnico Nacional y de Investigaciones Microbiológicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

Un ejemplo de estos proyectos es el de la doctora Elda Guadalupe Espín Ocampo, del IBt-UNAM, quien trabaja con la bacteria del suelo no patógena, Azotobacter vinelandii.

De acuerdo con la titular de la investigación, este microorganismo produce un polímero parecido al poliéster, con la diferencia de que al ser generado por un organismo vivo, este material es biodegradable.

El grupo de trabajo del IBt-UNAM estudia los genes que intervienen en el proceso de producción y las condiciones que requiere la bacteria para hacerlo, con el objetivo de averiguar el papel biológico de esta síntesis y modificar al microorganismo; de manera que puedan diseñar cepas que produzcan polímeros con características útiles en la industria.

Resulta conveniente señalar que el polímero que Azotobacter vinelandii se conoce como polihidroxibutirato y contiene monómeros (pequeña parte de un polímero) iguales; sin embargo, al pertenecer a la familia de los polialcanoatos (poliésteres biodegradables sintetizados por muchos microorganismos como reserva de carbono y energía) puede cambiarse un monómero y conferir características diferentes al material.

“De ahí que podamos obtener plásticos transparentes, oscuros, irrompibles y maleables, entre otras propiedades que tienen un gran potencial de uso en la industria”, dijo Espín Ocampo.

Para que la bacteria produzca el polímero es necesario colocarla en un medio con algunas sales y alimentarla con fuentes de carbono como la azúcar o hidrolizados del bagazo de la caña de azúcar.

Espín Ocampo explicó que de acuerdo a un estudio practicado a estos polímeros, cuando se encuentran en composta se degradan en un periodo no mayor a los cinco meses; tiempo que contrasta con los cien años o más que tarda un plástico derivado del petróleo.

Hasta ahora, el equipo del IBt-UNAM ha logrado generar cinco cepas con potencial de producción. Por lo que el siguiente paso será evaluarlas en fermentadores para su producción masiva.

Cabe señalar que Espín Ocampo ha establecido una colaboración con investigadores del Instituto de Física de la UNAM, quienes producen y caracterizan películas con el polímero de la bacteria para aplicarlas en nanotecnología.

La titular del proyecto comentó que durante las reuniones sostenidas con industriales en el Grupo de Trabajo de Nuevos Materiales del FCCyT surgieron algunos empresarios interesados en el material que producen; sin embargo, su equipo aún no se encuentra en condiciones de generar polímeros de forma masiva. (Agencia ID)



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Fecha de Publicación
21/Feb/2011