Aprovechamiento de microorganismos para mejorar el medio


 

Actualmente, el resultado del desarrollo industrial y el progreso tecnológico ha originado diversas formas de contaminación, las cuales alteran el equilibrio en la naturaleza.

La vía más común para desechar contaminantes es por medio del agua,.

La doctora. María Teresa Garza González, profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas, de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), nos habló acerca de los proyectos que está desarrollando, los cuales están enfocados al estudio de la diversidad microbiana de ambientes contaminados a fin de encontrar microorganismos adaptados de manera natural a contaminantes altamente tóxicos y aprovecharlos en el plano tecnológico.

Elementos metálicos tales como arsénico, mercurio, cadmio, cromo, níquel, zinc, cobre, plomo y otros, son peligrosos para el medio ambiente debido a sus efectos tóxicos.

La pirámide alimentaria los recibe como consecuencia de la actividad humana; estos contaminantes no son biodegradables, trayendo como consecuencia su acumulación en la naturaleza y como en la cúspide de la pirámide se encuentra el hombre, éste es quien recibe los metales de forma preconcentrada.

“Otro de los contaminantes muy abundante en los efluentes son los colorantes. Existen más de 10,000 colorantes comercialmente disponibles y más de 700,000 toneladas se producen anualmente.

Desafortunadamente, alrededor de 10-15% del total de colorantes producidos, se liberan directamente a los ecosistemas acuáticos a través de los efluentes industriales.

Entre los principales efectos de los colorantes que se descargan en el medio acuático sin tratamiento alguno, se encuentran: la interrupción del ciclo de re-oxigenación, el bloqueo de la penetración de la luz solar y por lo tanto la disminución del proceso de fotosíntesis alterando la actividad biológica e inhibiendo el desarrollo de los animales y plantas acuáticos.

“Algunos de los ríos del Estado de Nuevo León que reciben descargas industriales tratadas y sin tratar son: Pesquería, San Juan y Santa Catarina.

Parte del caudal de estos ríos desembocan en presas que abastecen de agua a la Ciudad de Monterrey y su área metropolitana.

Esta se destina al consumo humano, a la agricultura y a la industria”, comentó la investigadora.

La exposición continua de las células microbianas a los contaminantes ha provocado el desarrollado de mecanismos eficientes para adaptarse y sobrevivir en un ambiente adverso.

Estos mecanismos pueden ser aprovechados por el hombre para el desarrollo de procesos biotecnológicos sustentables, que contribuyan al mejoramiento del medio ambiente.

Algunos de estos mecanismos han sido asociados con diferentes modificaciones metabólicas de los microorganismos, entre las que se encuentran la producción de exopolisacáridos (EPS) y la bioprecipitación de los metales especialmente como nanopartículas de sulfuros.

Estos productos son sintetizados de manera natural y ecológica y tienen importantes aplicaciones en beneficio de la sociedad, tanto en el sector industrial como en procesos de remediación ambiental.

“Ante esta situación nos dimos a la tarea de buscar una serie de microorganismos que pudieran existir en esos ambientes, para posteriormente estudiarlos y ver su aprovechamiento en el plano tecnológico.

“Utilizamos muestras de sedimento de los ríos Santa Catarina, San Juan, y Pesquería, del arroyo Ayancual, además de lodos activados, agua industrial y tierra contaminada.

Se aislaron bacterias, hongos y algas con potencial aplicación como biosorbentes, y en la síntesis de exopolisacáridos y nanopartículas de sulfuro de cadmio y sulfuro de zinc.

“En el área de biosorbentes hemos utilizado biomasa microbiana y también biomasa de origen vegetal a fin de darle un uso a residuos agroindustriales.

La biomasa puede ser utilizada viva o muerta, en forma libre o inmovilizada en un soporte polimérico.

Esto facilita el diseño y operación de un biorreactor para remoción de contaminantes y la reutilización de la biomasa”, explicó Garza González.

La investigadora y su equipo de colaboradores han removido diferentes tipos de colorantes y algunos metales pesados como plomo, cobre, cadmio, zinc, níquel, fierro, aluminio, mercurio y cromo VI, tanto de manera individual como en mezclas.

Sin embargo, la idea que tienen no es de sólo removerlos, sino recuperarlos para que se puedan reutilizar.

Para la Dra. María Teresa Garza González, su área de interés, la microbiológica, es esencial para el cuidado del medio ambiente, y aprovecha y estudia esa parte microscópica que no se ve, no obstante, está trabajando continuamente en la restauración del equilibrio en la naturaleza.

*María Teresa Garza González cuenta con un Doctorado en Ciencias Biológicas con especialidad en Microbiología por la Universidad de La Habana, 2005.

A la fecha de publicación de esta nota, se desempeña como profesor-investigador de tiempo completo de la Faculta de Ciencias Quimicas de la UANL, intitución en la cual también pertenece al Cuerpo Academico Consolidado de Evaluación y tratamiento de contaminantes ambientales.

Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SIN I), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CANACYT).

 



Autor
Gabriela Hernández Villanueva / El Porvenir
 
Fecha de Publicación
27/Ene/2012